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11/30/2007

Avarana y la virtualización de la realidad

Avarana; el nombre de este blog es una palabra en sánscrito que significa "velo"; uno que el caminante espiritual debe apartar para ser testigo de la verdad, la real naturaleza del universo y si mismo. El avarana es un concepto a mi parecer similar al Ego en el Zen (relación dada por su origen hinduista-budísta), donde su destrucción nos revela la indiferencialidad entre el yo y el todo, esencial para liberarse de la rueda del Samsara y alcanzar la iluminación.
No es fácil, de hecho, la dificultades se encuentran tanto dentro de la persona, representadas por sus juicios y preferencias, como fuera, en las distracciones que nos alejan del centro sin centro, el espacio vacío necesario para encontrarnos a nosotros mismos. El silencio es un lujo que el mundo nos roba, presos entre paredes de estímulos audiovisuales, el ámbito social y nuestras percepciones de lo que es o queremos que sea.

Comprensiblemente, cada persona esta construída no sólo de átomos sino de ideas, sin que ninguna de las dos escape de la definición del todo, en el amplio sentido de la Realidad. Esta nos envuelve y da forma, perceptiblemente o no, como la gravedad a un planeta o la ola sobre la arena de la playa. Igualmente y dependiendo del enfoque filosófico, científico o religioso, las herramientas cognoscitivas utilizadas para lograr el objetivo final de la Realización, están atadas a las formas y fuerzas que el hombre puede concebir, la Imaginación es por tanto, un punto de apoyo hacia aspiraciones infinitas.

De regreso a lo "concreto", me llama la atención el concepto de la Realidad Aumentada por medio de la tecnología, es decir el empleo de mecanismos externos que hacen un puente entre lo virtual (computadora) y el entorno real. Digamos por ejemplo, lentes de contacto que una vez frente a la vitrina de un almacén, nos muestren información de talla y precio de los artículos e incluso nos permitan adquirir el producto por medio de una orden de voz (...o un guiño).

Una forma más inmersiva de tal interfaz, podría ser una capaz de alterar la apariencia de las personas o cosas, asignar avatares a los conocidos -y rostros genéricos a los demás-, cambiar la fachada de un edificio, la iluminación de un área, agregando objetos virtuales a un espacio físico. Todo esto en una "complicidad implícita", donde la mente ya no diferencie entre una cosa u otra (pensemos que la camisa que ví en la vitrina no tenga que comprarla físicamente, sino que aparezca como un overlay sobre mi avatar, no compro el objeto sino el diseño, igual como ya ocurre en la Internet).

Todo esto nos lleva a una redefinición de la realidad a nivel personal, donde yo escojo Cielo o Infierno, o bien tales "realidades" son arrendadas o hasta impuestas por otros, efectivamente rescindiendo el control del último reducto de la libertad, la mente.

¿Acaso estamos pues frente a un nuevo tipo de Realización? No creo que la satisfacción de las necesidades espirituales pueda lograrse por medio de atajos artificiosos, pensarlo así solo nos impone otro velo, alimentando el ego. El Vacio sigue allí. Esperándonos.

8/27/2007

Transmigraciones

La absurda y sin embargo algo simpática idea del gobierno chino al exigir el registro de budistas por reencarnar parece el argumento de algún antiguo cuento o fábula que espera finalizar en enseñanza moral, un koan a resolver, pero que necesita para nosotros, los occidentales, una ayuda contextual. Buscando en la red pude encontrar lo siguiente:
  • En el hinduísmo, el alma -atman- es inmortal y la muerte de su envase carnal provoca su transmigración a otro cuerpo, este proceso se repite indefinidamente (samsara) hasta que el individuo -por medio de la práctica espiritual- logra alcanzar un estado donde se libera de los deseos mundanos y no reencarna sino que se une con el Espiritu Supremo (Brahman).
  • Buda toma este concepto y lo adapta, estableciendo que no existe el alma. En su lugar, los aspectos o agregados (skandhas) de la persona son como la flama de una vela que extingue para encender la siguiente. No hay un alma irreductible, sino una transformación.
Este orden esta predicho para la mayoría de los seres humanos, sin embargo no aplica para los lamas o maestros espirituales del budismo tibetano, especificamente en el Pachen Lama y el Dalai Lama, segunda y primera autoridad de esa rama del budismo, quienes tras su muerte, transmigran hacia su siguiente encarnación. El nuevo Pachen o Dalai es "reconocido" en un niño -hasta hoy tibetano- por su contraparte viviente, asegurando que la linea de sucesión no sea rota por la muerte.
Hace ya algun tiempo el gobierno chino tomó en custodia al nuevo Pachen y espera con esta ley hacerse del nuevo Dalai una vez fallezca. Pero ya Tenzin ha declarado que renacerá en una persona fuera de China o Tibet o bien no renacerá, finalizando el ciclo establecido desde el 5° Lama.
Tomo aquí un desvío para comentar sobre la sonada difusión de la correspondencia de la Santa Madre Teresa, donde
expresa sus dudas sobre el amor de Dios, su fé y vocación.
Lo que me pregunto en este punto es, ¿qué objeto tiene cuestionar la santidad o valor de una creencia u otra (o sobre la otra)?
Pensemos entonces que si Tenzin elige no renacer, dentro de su creencia él ya habrá triunfado sobre sus opresores, incluso si decidiera hacerlo en alguna persona lejos de la autoridad del gobierno chino.
Por otro lado, encuentro difícil debatir la magnitud de la obra de la Madre Teresa (juicios valorativos van y vienen, me limito a pensar si YO tuviese siquiera la voluntad de hacer su trabajo por medio día) y pienso que su entrega es la respuesta positiva a sus dudas, que al ser tan característicamente humanas, nos permiten un atisbo a la naturaleza de la santidad.

Al final p
ara el creyente, sin importar su denominación, encuentra que los caminos hacia Dios son muchos e ignotos; pero no hay duda de que en gran medida sino en toda somos dueños de nuestras vidas, decisiones y consecuencias. No sé que moraleja podamos extraer de estas historias pero seguramente las podremos aprender si tenemos los ojos -y el espiritu- bien abiertos. He allí nuestra transmigración.