9/10/2009

Interregnum

Cuando te botan del trabajo, a menos que sea porque hayas cometido dolo o similar contra la empresa, el tono general de la entrevista final es de aliento condoliente, mientras ves tu seguridad laboral desaparecer, te hablan de las insospechadas oportunidades que te esperan, por ejemplo convertirse en un microempresario, cosa que ni el mismo que te despide ha considerado para sí. Llamenlo downsizing, reingeniería o como quieran, estas en la calle. Pero algo es seguro, la empresa prefiere que tu rumbo no intersecte sus intereses, eso no sería buen negocio. Negocio es negocio, nada personal.

Empieza entonces la espera, el interregnum, colmado de dudas sobre el valor propio, la incertidumbre económica y por supuesto las futuras condiciones sociales y laborales.

Sea por parte de amigos o artículos en revistas y periódicos, las recomendaciones son la mismas: mantener una actitud positiva y reconocer que la situación económica es A o B, lo que se supone debe ayudarnos a llevar mejor el peso de la situación. Es fácil hablar desde afuera, como quien pasa frente a un accidente e intenta adivinar cuantos muertos pueden encontrarse entre los hierros retorcidos; no es morbo, sino un ejercicio mental. No es personal, pero hay personas allí.

Sería fantasioso pensar que el ser desempleado es evitable, al igual que accidentarse, la experiencia tiene diferentes niveles y si uno consigue trabajo rápidamente puede salir "fresco" del problema y cubrirse de cierta gloria transitoria, un "yo fui y sobreviví". Pero usualmente no es posible escapar la angustia de no poder cumplir con las responsabilidades adquiridas: casa, carro, escuela, comida, vestido... donde las de Maslow son las que más apremian y las demás dependen de si uno vive con los padres o esta casado y/o con hijos.

Mientras que pasaban los días y las semanas, puesto que estoy hablando de mi propia experiencia, era evidente que las oportunidades para profesionales de los sistemas no eran tantas como se supone y algo más que pocos analistas te hablan, es que los empleadores quieren que seas experto en TODO y encima pagarte una guayaba. Y es que al perder el empleo, se pierde también las opciones de negociación, tu valor como recurso útil es cuestionable y las condiciones ofrecidas... negociables.

Sin embargo, dos cosas importantes e intangibles me quedaron muy claras de esta experiencia. La primera es que el conocimiento acumulado y el trato interpersonal nos definen más allá de la relación contractual, son nuestra carta de presentación. Lo segundo es que aunque esta profesión implica mucho sacrificio, hay que entender que lo esencial no es el sacrificio sino por quién nos desvelamos, ya que los empleos son transitorios, pero no la familia ni el respeto que nos debemos nosotros mismos, la dignidad.

La aflicción, como el herrero, nos forma a golpes - Christian Bovee
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