8/22/2008

Ciudades para vivir

En la revista City Journal de este mes, aparece un artículo de Roger Scruton titulado Cities for Living (Ciudades para vivir) del cual extraigo su opinión sobre lo que hace de París una ciudad "vivible" y su contraste con los desastres urbanísticos de América:

...Pero el americano que deja las rutas prescritas por los Ministerios de Turismo rápidamente se da cuenta que París es milagroso, en gran medida porque los arquitectos modernos no han podido tener en sus manos sobre en ella. En otros lugares, las ciudades europeas están siguiendo el camino de las ciudades de América: oficinas de gran altura en el centro, rodeado en primer lugar por un anillo de abandono y luego de los suburbios, para que los que trabajan en la ciudad puedan huir al final de la día. Es cierto que en Europa nada se compara con el vandalismo que los modernistas han causado en Buffalo, Tampa o Minneapolis (para tomar tres ejemplos de ciudades de América que me causan un dolor particular). Sin embargo, el mismo desastre moral está empezando a afligirnos -el desastre de las ciudades en las que nadie desea vivir, donde los espacios públicos son vandalizados y espacios privados se amurallan...

El artículo menciona otras fallas de la visión modernista: la frialdad de sus formas, lo limitado de su lenguaje arquitectónico, el alto consumo de energía y su falta de relación con otras edificaciones colindantes, todo lo cual se traduce en que el hombre se sienta alienado en un espacio que se supone debería alentar un sentido de comunidad (por la forzada confluencia humana) pero en realidad esta limitado por la función y lo opresivo de sus masivos volúmenes.

Esta percepción la relaciono con mi área de trabajo en Calle 50; al mediodía el edificio del Banco General se convierte en un prisma de espejos que amenaza con incinerar al transeúnte, a la vez que el área "pública" a sus pies es un riesgo dado los "vivos" que la utilizan como estacionamiento o para burlar el semáforo. En contraste, el solitario chalet de la Academia de la Lengua Panameña un par de cuadras más allá se convierte en un oasis donde descansan mis ojos cuando voy de regreso a casa: cuidado jardín frontal, refrescantes colores, líneas y formas más acordes a una ciudad para vivir.
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