10/03/2007

La otra Atlántida

"La pérdida del pasado, colectivo o individual, es la gran tragedia humana, y a nuestro pasado lo hemos lanzado por la borda como el muchacho que destroza una rosa" - Simone Weil

Mientras forzosamente asisto a la apurada destrucción de mi ciudad, gestada por aquellos que creen que en ella no hay valores rescatables o que pueden parcelar su oblicua belleza para ofrecerla al mejor postor, siento asco al pensar que de alguna manera me han contaminado de su indolencia y superficialidad, "Qué bonito!, parece Miami o Manhattan", me dice alguno. Asiento, supongo que hay algo de atractivo en la esterilidad del vidrio y el cemento.

"Los seres desarraigados tienen sólo dos comportamientos posibles: o caen en una inercia del alma equivalente a la muerte (...), o se lanzan a una actividad tendente siempre a desarraigar, a menudo por los métodos más violentos, a quienes aún no lo están o sólo lo están en parte" - Simone Weil

Supongo que es un reflejo de los tiempos, de la sociedad, del decaimiento de los valores. ¿Cómo podría alguien experimentar arraigo por su comunidad, su tierrra, cuando sufre de hambre? Si para llevar algo a la mesa tengo que mudarme a las afueras, los costos aumentan sí, pero obtengo un día más para seguir luchando y tal vez concretar alguna mejora. Se sacrifica algo para ganar algo, y de no ser así, bueno, que más da. Todos estamos en la misma. Así es la vida.

"La falta de alegría, es un estado de enfermedad en que la inteligencia, la valentía y la generosidad se apagan. Es una asfixia. El pensamiento humano se alimenta de alegría" - Simone Weil

Era lunes, el tráfico estaba congelado pero la calle hervía con el run-run de los autos. A lo lejos, varios muchachos hacían maromas con sus patinetas en una bocacalle flanqueada por dos ciruelos. Esa era una de mis rutas en los tiempos de la escuela. Pronto un gran edificio de oficinas será levantado en su lugar.

Atlántida

Con las canas, la carga de mi memoria se aliviana: la ciudad cambia y los significantes que asociamos a los edificios, árboles, calles y lugares secretos de pronto ya no están. Más uno ve a alguien quien suspira por algo que solo él puede ver, seguro hay allí un friso de tritones. Los edificios se llenan de doradas columnas; Mosaicos de grecas bordean las aceras. ¡Las ninfas me parecen más jóvenes!

Percibo una larga sombra y me inclino ligeramente ante la estatua de Poseidón, pidiendo un poco más de tiempo antes que destruya y se lleve los palacios, esos pedazos de vidrio que ruedan en la playa de mi mente y el azul profundo de esta vieja nostalgia.

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