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7/26/2007

Persistencia de la memoria

Para los padres, no pasa un día sin que nuestros hijos pequeños nos sorprendan con algo nuevo que han descubierto o aprendido. Se hace evidente que a la vez que crecen, se hacen más conscientes de la gente, las situaciones y como ellos mismos pueden influir o son influídos por su entorno. El adulto revive ese pasado del cual no tiene memorias claras, pero se identifica plenamente porque ese pequeño ser humano es nuestro espejo y esperanza.

Por tanto, el lazo que nos une es más que biológico y con esto quiero decir que vemos en nuestros hijos una oportunidad fresca de cambiar el mundo en los términos de lo que voluntariamente o no les transmitimos, positivo o no. Por supuesto, nadie que se entienda como tal, que reconozca que tiene al menos un ápice de responsabilidad en la educación de su descendencia o inclusive la de otros, podría aceptar que un antivalor sea una guía en la vida de un niño. El principio psicológico indica que nadie cree que sus acciones son negativas, todo lo contrario, pensamos que lo que hacemos lo hacemos porque estamos convencidos de que "es lo correcto".

Al observar la imagen a continuación, procedente del sitio de la RAWA (Asociación Revolucionaria de las mujeres de Afganistán), donde un niño o niña ha dibujado la ejecución de una mujer por parte de un miliciano, la pregunta obligada es: ¿Exactamente qué mundo pretenden heredar los adultos que exponen a un niño a tales atrocidades?
Se podría hablar volúmenes sobre el tema, pero a mí parecer nada de lo que en nuestra experiencia -gracias a Dios- existe podría de alguna manera razonar o mucho menos justificar tal agresión a un niño. Excepto que el adulto lo haya vivido también.

En este sentido, si es que algo hemos de aprender de esta imagen es que no podemos agregar odio sobre odio, muerte sobre muerte, para alcanzar la vida. Al menos no como seres humanos; cualquier otra cosa es sombra.

7/16/2007

Desierto

En la TV, hace un par de días atrás se debatía sobre la necesidad de revisar las guías de educación sexual que el Ministerio de Educación -utilizando como modelo las difundidas con éxito en países africanos diezmados por el SIDA- pretende implementar en las escuelas del país. Lógico, África = Panamá.

Como siempre ocurre, alguno de la mesa trajo a colación la difunta junta de censura, a modo de llamar la atención de como los medios superan día a día su cuota de difusión de la ignorancia y fácil titilación. Por supuesto, el conductor el programa cambió el rumbo, no sea que sus jefes le dieran un tirón de oreja por revelar que el emperador esta desnudo (pero no promoviendo algún producto y por tanto, justificando su desnudez).

Minutos después cambié de canal, solo para encontrarme con el avance de una telenovela, "Mujeres Asesinas", donde se muestra claramente una de las susodichas mutilando el miembro viril de algún abusador. Gritos desgarradores y sangre salpicando como una fuente a la emancipada heroína. Todo esto antes del almuerzo.

Agradecí que no hubiera niños en la habitación; ¿cómo minimizar el perjuicio de tales imágenes a un chiquillo? ¿Cómo se fortalece la mente del menor para que pueda procesar tal información? ¿Cuanto temple y tacto se requiere para hablar sobre algo así? Pero luego pensé, ¿y quién me protege a mí?

El ser adultos no nos hace inmunes a las influencias externas, desde pequeños se nos enseña a conocer nuestro entorno y familiarizarnos con sus signos y geografía; el aprender nos permite no solo navegarlo sino dominarlo, tales habilidades nos ayudan no solo sobrevivir sino hasta destacarnos social y hasta económicamente.

Sin embargo, el reconocimiento y asimilación de la violencia y su degradación de la condición humana no nos hace más o mejores adultos, por lo contrario, nos quita humanidad, porque asumimos las características del medio para poder situarnos como hábiles habitantes de esa realidad.

La valorización de dichas conductas y su persistencia como material de interés -que se supone global- condiciona al Hombre al dolor y el miedo, dilapidando las defensas de su Alma.

Detengámonos un segundo y hagamos desierto en nuestro espacio personal, para inventariar nuestro ser y preguntarnos que tan importante es para nosotros nuestra propia paz mental y espiritual.
Quisiera pensar que aún hoy, tales imágenes puedan herir alguna susceptibilidad en muchos sino todos, y que mejor, el consenso silente sea la censura. Por nuestro bien.

6/26/2007

Rompiendo el ciclo de la ignorancia

Una de las ironías más recalcitrantes de la Era de la Información es su baja calidad o peor, su ausencia; Por un lado, los medios masivos se concentran en la crónica roja para rellenar un supuesto espacio noticioso en vez de enfocarse en los eventos de importancia, los logros y desaciertos de los gobiernos, los poderes privados o grupos civiles, no hay análisis, el tiempo de televisión o radio, al igual que el 75% de los periódicos, pertenece a los anunciantes. El morbo es la goma que pega un comercial de golosinas con la nueva y siempre mejorada crema dental. Inclusive, cuando presentan debates, se esconden tras la cortina de la objetividad para no involucrarse más allá, no comprometerse con una verdad que sabemos podría resultar incómoda para los poderes establecidos.

Por el otro, la Internet, la que se suponía era la más democrática de las formas de comunicación dada su difusión y masiva participación se ha convertido en una cueva en cuyo eco solo resalta la última e insulsa travesura de la Hilton. ¿De que sirven un billón de páginas nuevas todos los días si al final solo hemos acumulado más basura?

Pero seamos honestos, los medios necesitan de los anunciantes, la apelación a nuestra ignorancia y bajos instintos ha sido su tónica desde que Orson Welles radió la Guerra de los Mundos a un público que no solo se tragó el engaño sino que aún continua confiando sus juicios a una industria que se debe a sus anunciantes –intereses comerciales-, el gobierno –que controla su permiso de difusión- y a todos los mecanismos psicológicos y estadísticos posibles para mantenernos a su merced, sin ofrecer espacios reales de reflexión o catarsis tras el bombardeo incesante de violencia y consumismo.

Pero todo tiene solución. Algunos proponen apagar la tele, otros, boicotear los productos ofrecidos; sin embargo, hay una propuesta más difícil, porque es intelectualmente más trabajosa y de cumplimiento obligatorio –si acepta el reto-, y es no evitar el problema, sino enfrentarlo con todo lo que la naturaleza le dio para conquistar el mundo y colocarse como su amo y señor: su cerebro.

Usted tiene derecho a ejercer su individualidad y capacidad de razonamiento. El craso comercialismo del mensaje requiere de su complicidad para subsistir, por tanto, evalúe y critique los contenidos, determine si lo que se le ofrece, sea idea u objeto, tiene que ver con usted o no. ¿Le ofrece la oportunidad de disfrutar de una felicidad real y honesta? ¿Contribuye a su crecimiento personal? De no ser así, si lo que ve o escucha va en contra de su cultura –una que usted y yo necesitamos cultivar minuto a minuto, libro a libro, idea a idea- deséchelo, no permita que consuma su atención y tiempo; siga adelante siempre dudando de todo, pero a la vez nunca perdiendo de vista la búsqueda de la Verdad. Y esa, lo hará libre. Fiat Lux!