5/13/2007

Orbis Tertius


La intrusión del mundo imaginario en el real es uno de los temas favoritos en la obra de Jorge Luis Borges, eso y los libros. Y es que un buen libro te absorbe, una buena historia te transporta a un mundo alterno; Ciertos elementos narrativos que apelen a nuestra personalidad y gustos pueden de alguna forma dislocar momentáneamente nuestra percepción de la realidad y colocarnos en el umbral de lo fantástico. ¿Y si fuese posible traer de vuelta “algo”, una prueba, un souvenir, de esa visita?

El Manuscrito Voynich (Siglo XV), conocido así por uno de sus tenedores, curioso documento escrito en clave parte herbolario, guía cosmogónica y recetario(¡!), es un paradójico artefacto borgiano que se alimenta de nuestra atracción por lo desconocido en un mundo donde se supone prevalece la disponibilidad de información y casi todo ha sido descubierto o explicado. Profusamente ilustrado y concienzudamente detallado, expone a modo enciclopédico una visión del mundo que elude un análisis conclusivo moderno, oculto por su ilegibilidad y el velo de los tiempos.

Más cercano se encuentra el Codex Seraphinianus, creado en Italia durante los años 70 por Luigi Serafini, inspirado tal vez en el Voynich, muestra diagramas de máquinas imposibles, animales híbridos y otros elementos claramente surrealistas. Una locura, pero una locura adrede.

Me gusta esta explicación, usualmente visualizamos a nuestros antepasados como acartonados personajes embebidos en la mentalidad de su época, secos como el óleo de viejos retratos. Prefiero pensar que alguno se dispuso a crear una especie de broma muy elaborada, un guiño a los visual puns de Hieronymus Bosch y Pieter Bruegel, para por un lado burlarse y por el otro, dar rienda suelta a su imaginación, asombrándonos y confundiéndonos con un espejo obtuso. ¿Acaso no es esto arte?

“Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico.”
Jorge Luis Borges - Tlön, Uqbar, Orbis Tertius

Y hablando de Bosch, ¿le interesaría una mini escultura basada en su pintura El Jardín del Edén? A mi sí: Galería Nacional (Londres).
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