5/03/2007

La necesidad de lo sostenible


La necesidad nubla el entendimiento y la frustración ante la escasez de frutos tras nuestros esfuerzos obligándonos a tomar decisiones en función de satisfacer requerimientos inmediatos (comida, techo), limitando nuestra visión hacia el futuro y asumiendo posiciones conformistas sustentadas por quienes se benefician de nuestra ignorancia y falta de voluntad.
En democracia, el poder que ejercen quienes por decisión electoral o relación laboral nos dirigen se debe al pueblo, no por suerte o capricho sino porque la visión de quienes se hacen llamar líderes se nutre de los sueños y esperanzas de aquellos que de una u otra forma los apoyan en una supuesta búsqueda de un mejor país.
Esta fuerza es la que debe mover los engranajes del desarrollo, la suma de voluntades disímiles que nos permitan como colectividad obtener beneficios que puedan tanto aplacar la miseria en la que viven más de los que nos atrevemos a contar, sino que también cimiente una sociedad realmente equitativa y capaz de ofrecer al ciudadano un horizonte al que aspirar.
Hoy en día es fácil dejarse llevar por la apariencia que Panamá ofrece ante el mundo; una aparentemente pujante metrópolis, en donde las edificaciones se multiplican en contra de las más básicas consideraciones estéticas, sociales y de servicios; el boom de bienes raíces tanto en la capital como en los focos del turismo masivo a limitado al ciudadano común al acceso y disfrute de lo que se supone que en última instancia es nuestro más preciado bien, la tierra, la muy cacareada patria, problema que se convierte en un reflejo de cómo se dilapidan los recursos del país sin mediar un plan unificado de desarrollo.
Todo el bombardeo mediático no puede ocultar que las millonarias inversiones no atraerán de facto la inversión extranjera sino a jubilados que desean ahorrar lo más posible viviendo en una economía dos o tres veces más acomodaticia que la propia, mientras que la clase media y baja, los que producen, es desplazada a las afueras incrementando sus costos de servicios y luchando sin forma de ganar contra el tráfico y la insoluble situación del transporte público.
De esta forma, la clase obrera quien se supone debe estar en crecimiento ve sus ganancias mermadas, a su vez, el boom no prevé o prefiere ignorar lo más obvio: los terrenos sobre los cuales se construyen las moles no son infinitos y la especulación ha creado y alimentará un sistema de lujos que para poder mantenerse encarecerá todo lo que le rodea (ya que no los producimos) en amplio contraste con la situación de la masa, que no encuentra en sus dirigentes una solución a sus problemas.
Para que se dé un desarrollo sostenible los insumos deben poder llegar a la mayoría sea en forma de empleos a largo plazo, la mejora de los servicios públicos y abataramiento de la canasta básica, de otra manera solo servirá para separar más a ricos y pobres con las conocidas consecuencias de inseguridad, desempleo e incremento del costo de la vida.
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