12/31/2007

Abrazando una ballena

Treehugger informa que Japón decidió suspender la caza de ballenas jorobadas, proyectada para este año, hasta la próxima reunión de la comisión ballenera internacional en Junio de 2008.
Esta medida parece no extenderse a otros tipos de cetáceos, pero al menos representa un respiro para una de las criaturas más increíbles que aún habitan la Tierra.
Aunque estoy en contra de la caza de ballenas, me cuesta condenar por completo al Japón, ya que me confieso admirador del país del Sol Naciente y ese conocido contraste entre lo tradicional y lo muy nuevo, una coexistencia frágil pero viable, si uno conoce quien es y lo que quiere.
Tal vez allí está el meollo del asunto, uno que de alguna manera refleja las tensiones culturales y sociales que vive el Japón actual, por un lado, se resiste a renunciar a una costumbre que consideran les define, y por tanto conciben como un derecho inalienable y por el otro, igual que los alemanes, sufre las secuelas de la estigmatización de la Segunda Guerra mundial, la propaganda bélica y su derrota, lo que les coloca en una posición de escrutinio constante y que teme lo peor de ellos. Situación exacerbada, en especial cuando se esgrimen argumentos de nacionalismo y poco creíbles excusas sobre estudios científicos, en clara oposición a las actuales tendencias conservacionístas que nos urgen a preservar la dilapidada diversidad biológica oceánica.

El gobierno gringo (!) hace años que convino con sus pueblos indígenas de tradición ballenera, una "cuota" o derecho a la actividad, siempre y cuando se observen las estadísticas poblacionales y la "necesidad" de subsistencia. Similares acuerdos son los que permiten a Noruega y Japón llevar a cabo la actividad muy a pesar de las sonadas críticas. En último análisis, de las razones exhibidas solo son justificables -hasta cierto punto- en aquellas que persiguen la preservación de la "cultura", porque no es posible respaldar el argumento de la subsistencia en pueblos-países conocidos por su desarrollo socio-económico.

La cultura no es solo el pasado, esta debe adaptarse sin perder de vista la exaltación de los valores humanístas y la supervivencia de la sociedad que originó. El mundo y sus recursos se hacen cada vez más pequeños, si hemos de construir un futuro de calidad para nuestros hijos, tenemos que comprender que intransigencia es fatal y el compromiso, parte importante de la continuidad y el aprendizaje.
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