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Si usted puede leer este post, pertenece a una élite que disfruta de un recurso que la gran parte de la población mundial solo ha escuchado o bien, desconoce: 885 millones de personas en el mundo son analfabetas y dos tercios de ese número son mujeres (UNICEF). ¿Qué tanto beneficio puede extraerse si no sabe leer y mucho menos si casi todo el contenido está en inglés? Inclusive, la mayor parte de las páginas estan dedicadas al espectáculo y otras sofisticaciones sin utilidad para el pobre. Por supuesto, discrepo sobre la idea de que sus perspectivas de progreso puedan ser satisfechas por medio del acceso a computadoras o la Internet; esta es una falacia alimentada por la continua ignorancia sobre las verdaderas necesidades que les aquejan, un enfoque paternalísta que reparte a regañadientes las migajas de un progreso que los considera una carga. Mientras que las autoridades se empeñan en implantar la tecnología más llamativa en el último pueblito de la coordillera, se amedrentan ante el desafío de ofrecerles medios que les permita desarrollarse de forma independiente y si no igualitaria, al menos digna.
Debido a su pálida consistencia y predecibles resultados encuentro los concursos de belleza algo aburridos, en consecuencia DIRECTA a mi inconformidad, los organizadores locales del Miss Mundo han decidido seleccionar a las concursantes del 2007 de entre las "niñas" de la agencia de modelaje Panamá Talents, quien se ha arrogado de un solo golpe tanto la franquicia del concurso como el gusto colectivo de los panameños.
Ha sido un bajón para mi, leer tantos artículos que critican el biodiesel; lo primero que a uno se le ocurre pensar es que el negativismo o la simple necedad de tirarle piedras al que esta arriba podría estar detrás de los comentarios, pero estos están respaldados por argumentos lógicos que nos hacen dudar sobre su verdadero valor como solución energética.El problema es el modelo de uso, es decir, el biodiesel o etanol no tiene el mismo rendimiento que el petróleo y por tanto, se requiere mayor volumen del primero para generar la misma cantidad de energía que una fracción del segundo. Si los motores alimentados por gasolina ya de por si no tienen un rendimiento de más de 70% (según recuerdo), que tanto se puede obtener con biodiesel? Además, el biodiesel no reemplaza por completo al petróleo, cuanto más un 20% por galón.
Luego esta el asunto de la producción, el petróleo es el producto natural de la fosilización de plantas prehistóricas, la alternativa que al parecer era la más sostenible es la extracción de combustible a partir de cultivos como maíz o la soya. Todo bien hasta allí, un aliciente a la producción agrícola, y para matar dos pájaros de un tiro, de alguna forma podría frenar la migración del hombre del campo a la ciudad… El detalle, el caveat, es que el Hombre prefiere llenar el tanque del carro antes que alimentarse.
Ya se prevé un aumento de los productos derivados del maíz, algo que no parece muy importante aquí en Panamá -¿bollo, tamales, corn flakes?, ¡el panameño come arroz!- pero inmediatamente sensible en el resto de América y el mundo. En realidad consumimos más maíz de lo que creemos, inclusive esta presente en alimentos que usualmente no relacionamos a los granos amarillos, el endulzante de maíz o corn syrup esta en todas partes. Una corta visita a la alacena o al supermercado nos hará preguntarnos si vale la pena invertir en un silo de granos. Para alimentar la 4X4, claro.
Muchos agricultores han disminuido y hasta abandonado el cultivo de alimentos ya que ganan varias veces más dinero produciendo materia prima para biodiesel. La escasez de los productos campo inmediatamente incrementan su costo. ¡Un momento! ¿qué comen las vacas y las gallinas? ¿Gasolina?
Y así, mientras más hectáreas del Amazonas se destinan a la soya y el maíz, pongamos fe en máquinas de movimiento perpetuo y Steorn.

Me gusta el diseño moderno, el minimalísmo de una línea recta o la adaptación de una forma natural, la claridad de función o bien, la estética recatada que la imita pero que solo satisface al ojo. Lo que no me parece, son los precios.
En la medida en que uno se adentra en el tema, conociendo las obras pioneras, dígase la escultura primitiva de las islas del Egeo, o el arte africano, pasando por los diseñadores del art deco, el streamline y los escandinavos, llegando a su auge en la mitad del siglo veinte y su actual repunte, va reconociendo las claves que lo definen y puede diferenciar y llegar a aproximarse a los valores y costos que se supone uno debe pagar. Pero como dije, el problema son los precios.
Como artista, acepto que una obra original este ponderada ad infinitum sobre los precios de sus copias, autorizadas por supuesto, en virtud de que posee “el sudor y la sangre” de su autor, versus, una edición limitada de mil o un económico poster de cien mil. Si la puede pagar, bendiciones para usted, es un mecenas; sino, confórmese y siéntase orgulloso de su sensibilidad hacia lo bello.
Mi peeve es este, si el diseñador X quiere lograr captar la esencia irreductible de la forma, expresada por ejemplo en un silla de madera, podría llegar a obtener un simple cilindro, no muy diferente de un cubo de pintura de cinco galones (cuya ergonomía quedó marcada en mi humanidad aquella vez que viajé desde David hasta Aguadulce sentado en uno de ellos) o bien de la obra de muchos otros diseñadores igualmente inspirados. Las técnicas masivas de producción para objetos de este tipo han sido perfeccionadas hace bastante tiempo, reduciendo sus costos y el tipo de madera utilizada podría ser de origen auto-sostenible para eliminar su footprint ecológico y cargo de conciencia.
Andy Warhol proponía el Arte para consumo masivo y mucha de su obra es accesible al público general, cualquiera puede comprar una Mona Lisa y colgarla en su pared por menos de cinco dólares. Pero a menos que el producto masivo ofrecido este fabricado con “el sudor y la sangre” del artista, no veo que sea correcto cobrar su peso en oro.
En fin, uno podría discutir volúmenes sobre el tema, pero como esto es un blog y no un reportaje periodístico, prima la opinión sobre cualquier esfuerzo –sesgado- de objetividad.
Creo que el tiempo y la economía me darán la razón, el Money Trail, Gagg y Narduzzi (El final de la clase media y el nacimiento de la sociedad low cost), sacudirán su verdad en mi cara y esta dejará de ser brillante para dormitar en un mostrador de IKEA. Entonces estaré insatisfecho, pero de otra manera.
Sabemos que cuando un país nace, es decir, ha dejado de ser una idea para arraigarse como sociedad en un territorio que llamará patria, busca establecer las mejores condiciones para crecer y desarrollarse, pensando en sus hijos; aquellos que en última instancia deben probarse dignos de llevar a la realidad esa utopía que los próceres les han encomendado.Dichas condiciones están dadas por las instituciones y organizaciones creadas para atender las necesidades de los ciudadanos, sea de servicios, seguridad, educación o socioeconómicas. Mucha agua corre bajo el puente luego que tales mecanismos se ponen en marcha, modificando sus métodos y relaciones para acomodarse a los tiempos, pero –en teoría- nunca renunciando a su razón fundamental de existir, garantizar un bienestar que por virtud de nuestra nacionalidad (o impuestos, o pagos, o simple humanidad) nos corresponde.
Larga introducción para finalmente abordar el asunto que ahora quiero tratar: Ayer vi un comercial de agua embotellada, en él un representante de la empresa hace una prueba química que determina que el agua que nos provee el IDAAN es de calidad inferior a la que ellos ofrecen (¿sorpresa?). Inclusive, se abocan a una crítica dirigida a los métodos de sus competidores los que -tal vez- llenan sus botellas con agua del grifo. ¿Qué asco?
Esto no es nada nuevo, pero las implicaciones de tal aseveración, aún cuando en esencia se trate de un sales pitch, no solamente son alarmantes sino ofensivas. Alarmantes porque se reconoce que un servicio que satisface una necesidad básica del hombre es un peligro potencial en contra de nuestra salud colectiva y ofensivas, porque aquellos que han sido designados para vigilar su calidad han permitido –y siguen permitiendo-, en nuestras caras, su degradación. El mensaje persigue asentarse por medio de la maquinaria mediática en la conciencia colectiva; nuestra única opción es comprar el producto.
Dadas las malas experiencias con otros servicios que maneja el estado (poco confiables, caros), no hay que hilar muy delgado para saber que tarde o temprano el tema de la privatización –de facto en este en supermercados, oficinas y muchos hogares- se deslizará por completo bajo nuestro radar como un hecho que golpeará nuestros bolsillos con el aval de los gobiernos, que montados sobre la ola de la globalización, son cada vez más inútiles para cuidar de sus ciudadanos, más no para recaudar impuestos y hacerles sufrir su indiferencia.
La percepción del pueblo sobre las actuaciones de sus gobernantes determina su confianza en los poderes establecidos desde los primeros días de la república; si esta se ve traicionada de forma constante y peor, jugando con las necesidades básicas del hombre, se arriesga la existencia del estado y abrimos la puerta a la anarquía. La justicia debe imperar o tendremos que atenernos a las consecuencias.